CORONAVIRUS: LA CAÍDA DEL CABELLO AFECTA A UNO DE CADA CUATRO INFECTADOS

La estudiante universitaria Janaina Corrêa, de 24 años, contrajo coronavirus en Macapá, en el norte de Brasil, en abril de 2020, cuando la enfermedad acababa de llegar a su país. Pasó dos semanas con fiebre, náuseas y dificultad para respirar. Además de la persistente falta de aire y la fatiga, comenzó a notar que se le estaba cayendo mucho cabello: “Dentro del hospital comencé a darme cuenta de que se me caía mucho el cabello, porque donde estuviera, se me seguía cayendo; el tema se volvió aterrador”. Su madre logró recuperarse, pero también comenzó a experimentar una pérdida de cabello severa después de la infección. (Fuente: BBC News Brasil, Londres 16 marzo 2021).

Estos casos ilustran un síntoma asociado que se estima que aparece en el 25% de los pacientes de COVID-19 persistente (o prolongada), que es una condición de salud que dura semanas o meses después del inicio de la infección, y no necesariamente se manifiesta con los mismos síntomas que han afectado antes a la persona.

Hay al menos siete u ocho estudios académicos que abordan el vínculo entre esta pérdida de cabello severa y la COVID-19, pero las causas, la duración y los tratamientos aún no están claros.

Se estima que la COVID-19 prolongada está asociada con dos formas de pérdida de cabello severa ya conocidas por la medicina: efluvio telógeno y alopecia areata.

Por el momento, no tenemos una imagen clara de lo que está sucediendo: si el coronavirus sirve como desencadenante para quienes ya tienen una predisposición genética o si esto está ligado a algún factor desconocido o al estrés que rodea al COVID-19.

La función del cabello va mucho más allá de nuestra propia imagen: pasa por aspectos como el tacto, la sensibilidad y la protección de las mucosas y la piel frente a las radiaciones ultravioletas.

Las razones del vínculo entre la pérdida severa del cabello y el COVID-19 no están claras. Las enfermedades asociadas con altas temperaturas corporales afectan el crecimiento del cabello en los folículos pilosos, que se mantienen en la fase de reposo del ciclo del mismo, durante dos o tres meses, y luego se cae. Es por eso que las personas con esta infección experimentan la caída alrededor de dos o tres meses después del evento que la causó.

Según un estudio realizado por investigadores de la Wayne State University y el Henry Ford Hospital, ambos en Detroit (EE.UU.), un proceso de coagulación en el organismo como respuesta a la infección por COVID-19, puede conducir a la formación de microtrombos (pequeños coágulos) que pueden bloquear el suministro de sangre a los folículos pilosos.

Algunos estudios también han apuntado a la calvicie masculina como un factor de riesgo para el coronavirus, dada la incidencia entre hombres, con este problema capilar.

En este sentido, un trío de investigadores, vinculados a la Universidad de Zúrich (Suiza), el Hospital Escola Álvaro Alvim y la Universidad Federal Fluminense, analizaron a 10 pacientes con caída severa del cabello tras infectarse con COVID-19 y señalaron que todos tenían alopecia androgenética preexistente.

Finalmente, es importante notar que aunque se trata de una afección reversible que no debería prolongarse por más de tres a seis meses, la situación puede no mejorar en ese tiempo por lo cual es necesario consultar al dermatólogo para descartar otras enfermedades que pudieran estar afectando al paciente.

Escrito por el  Dr. Roberto Davicino – Docente UNSL – Investigador Adjunto CONICET

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